En Tetuán, barrio obrero del noroeste de Madrid, están dos de las escasísimas fuentes de agua potable que aún funcionan en la ciudad. Las fuentes, antes omnipresentes en una ciudad que, sin duda, las necesita, se contaron entre las primeras víctimas de la progresiva y deliberada degradación de la usabilidad del espacio público en Madrid.
Una serie de juegos de palabras visuales sencillos y potentes que plantean cuestiones acerca de la naturaleza de los alimentos industriales, su cadena de producción y distribución, y nuestra relación con todo ello.
Inspirada por cada localización, la artista escribe breves textos en trozos de papel para insertarlos en pequeñas grietas de las paredes de la calle.
La artista propone un comentario acerca de las manchas de pintura lisa que marcan la anterior presencia de una firma de graffiti, omnipresentes en el paisaje urbano pero que suelen pasar inadvertidas.
El artista juega con la idea de una luz que sale de lugares impensables. Un movimiento que baila entre esperanza, amenaza y misterio.
El inescrupuloso modelo de gentrificación de Madrid es particularmente visible en la transformación de todo espacio peatonal en una plaza dura, una lisa superficie de granito que el sol del verano transforma en horno intransitable.
Una serie de fotografías que muestran esquinas del centro de Madrid donde la gente orina habitualmente. Estas serenas imágenes nocturnas de inesperada belleza construyen sin esfuerzo una atmósfera inquietante.
El endeudamiento masivo del ayuntamiento de Madrid, resultado de su incontrolada inclinación por la ordenación urbanística faraónica centrada en los coches, está entre las causas de la creciente privatización del espacio público.
Una serie de no-signos que usurpan una técnica común de comunicación pública casera para proyectar un contenido poético.